La Economía Solidaria, la pandemia y la provisión en el cotidiano

Por

Luciane Lucas dos Santos (Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Ecosol-CES /RedPES / RIPESS Europe)

Fuente: Casa da Esquina

1. La situación que vivimos hoy

Es muy común que entendamos la desigualdad como se fuese lo mismo que la pobreza. Sin embargo, la pobreza es, antes que nada, una de las consecuencias de la desigualdad – tal vez, la que percibimos con mayor evidencia. La desigualdad es como un animal con muchas cabezas, y tiene color, género y clase social. Todo esto está, en realidad, muy mezclado. Así, este proceso de mútua alimentación entre formas de jerarquías (de género, racial, de clase, entre otras) ha producido efectos en nivel siempre más profundo. La economía de mercado, por su vez, profundiza, con su lenguaje e su forma de funcionamiento, tales jerarquías. Lo que percibimos es que no sólo una visión más alargada de la economía es urgente – valorando la provisión como un de sus aspectos más importantes – como también el reconocimiento de que la democracia económica no se puede lograr con respuestas técnicas y verticales. No hay democracia económica sin condiciones efectivas de participación.

En Europa, la idea del consumo crítico bien cómo la articulación de colectivos en torno de agendas feministas y ambientales han sido, sin duda, un punto fuerte en la economía solidaria y comunitaria. En general,  a pesar de la pandemia, hemos visto en Portugal, por ejemplo, la expansión de grupos de consumidores y circuitos cortos agro-alimentarios así como la manutención de espacios auto-gestionados que prosiguen sus luchas a traves de otros recursos, como radios colectivas y actividades en línea. Sin duda, estas luchas y movimientos deben cada vez más marcar la diferencia  y dar el tono de los enfrentamientos frente a (y después de) la pandemia. Así, es muy probable que la manera como percibimos las relaciones de vecindad, la economia local, la circulación de personas y bienes sufra, hasta cierto punto, un cambio. 

Sin embargo, y a apesar de la relevancia de esta tendencia, una pregunta merece atención en Portugal y otros países de Europa – y esta no es una pregunta de hoy: por qué los grupos vulnerables tienen tan poca representación en los colectivos y las iniciativas de la economía solidaria en Europa? Por qué son las clases medias y ilustradas las que más se han unido a la Economía Solidaria, mientras las minorías podrían, sin duda, beneficiar de varias de sus soluciones – sea para el desempleo, la falta de apoyo del Estado o para garantizar una red más amplia de soporte – a saber, las monedas sociales, los bancos de tiempo, los mercados de trueque, entre otros. Pensando en la Economía Solidaria en Europa y en la pandemia, que hace más evidente la desigualdad estructural, me pregunto: ¿Dónde están los romaníes, los inmigrantes, los/las ciudadanos/as afroeuropeos/eas, los refugiados, las personas sin hogar? Si es cierto que existen iniciativas centradas en estos grupos, también es cierto que han sido tratadas, muchas vezes, como respuesta a la pobreza y casi nunca como forma de estimular la autonomía y el pensamiento critico de estas personas. Por lo tanto, es oportuno preguntarnos hasta que punto la Economía Solidaria ha logrado fomentar mayor autonomía de los sujetos, sobretodo de aquellos y aquellas que son infra-representados en las políticas públicas.

2. Portugal y la Economia Solidária durante el Covid-19

En los tiempos de la pandemia, queda aún más claro que estos grupos están invisibles – sea en las respuestas del Estado, sea en las estructuras de la Economía Social (que solo consiguen responder en términos de redistribución de alimentos y cuidados de salud) o mismo en la Economía Solidaria. En el caso de Portugal, a pesar del Estado haber respondido de manera pronta y oportuna a la epidemia, se percibe que las estrategias asumidas – en la educación, en la salud, en el respaldo al trabajador, sobretodo los más precarios – no dan cuenta de la especificidad de algunos grupos sociales. A pesar de contar con más fondos (como, por ejemplo, los fondos del Programa Portugal Innovación Social y los apoyos de la Caritas Portuguesa), la propia economía social ha encontrado una respuesta menos fuerte del Estado que la necesaria para dar soporte a los más vulnerables (los ancianos en los centros de asistencia, por ejemplo). Lo que vemos es que el Estado Social, a pesar de su incontestable responsabilidad, no ha logrado dar las respuestas especificas de que necesitan los ciudadanos/ciudadanas que son afectados/as pela pandemia de forma desigual – por que, en la realidad, estos ya vivían una desventaja estructural – o sea, dificultades cotidianas acumulativas y  múltiplas formas de discriminación social. Lo que quiero decir es que debemos cuestionarnos hasta que punto el Estado percibe que garantizar a los ciudadanos/as el mismo trato, porque tienen los mismos derechos, no profundiza la desigualdad. Para lograr mayor justicia es necesario crear condiciones para la autonomía (que no es lo mismo que estimular el espíritu emprendedor individual y competidor). Hablo de una autonomía que mantenga el sentimiento de comunidad, que  produzca el espíritu crítico y que venga a garantizar la provisión en tiempos de crisis. Ya sabemos que el mercado capitalista no es capaz de dar respuestas en un contexto que no sea de escala. Es tiempo de se pensar como la provisión se hace posible en contextos locales y de precariedad de recursos.

Por lo tanto, me gustaría de compartir con vosotros algunas iniciativas portuguesas muy diferentes que han buscado dar respuestas (sociales, económicas y culturales) en contexto de comunidad. Me refiero a los pequeños productores, a las personas más vulnerables que están en situación de aislamiento – como los niños que no pueden asistir a las clases en línea porque no tienen una computadora o a los colectivos que necesitan mantener la lucha por derechos (de las mujeres, de los trabajadores, de las minorías).

La primera experiencia tiene que ver con el ultimo caso, de la lucha por los derechos. En medio de la pandemia, surge una radio colaborativa, la Radio Gabriela (https://www.jornalmapa.pt/2020/04/27/radio-gabriela-para-matar-o-bicho/), con la idea de se mantener construyendo comunidad, en tiempos de aislamiento social. Delante de la imposibilidad de ayuntamientos, una asociación cultural en Lisboa, la Sirigaita, que también es un espacio colectivo auto-gestionado, construyó una programación para mantener la comunicación entre los diferentes colectivos y personas que frecuentan la casa: así, se mantienen hablando del derecho a la ciudad y la vivienda y de las pautas anti-racistas y feministas por las cuales luchan. En tiempos de poca comunicación, hay que saludar que la Radio Gabriela ha invitado otros colectivos de otras regiones de Portugal a participar en la programación.

La segunda experiencia que quiero compartir tiene que ver con los grupos más vulnerables en tiempos de aislamiento social. En este contexto, las cooperativas y las asociaciones de apoyo a la Economía Solidaria también necesitan cambiar su planeamiento. Así, se requieren otros modos de estar sobre el terreno. Durante la pandemia, la Coolabora, una cooperativa de intervención social en la ciudad de Covilhã (en la región centro del país), ha centrado su actuación en dos proyectos – uno para mujeres en situación de violencia doméstica y otro para niños en situación de vulnerabilidad social. De los 130 niños cubiertos por el proyecto “Quero Ser Mais 7EG” – la mayoría de los cuales  romaníes -, 110 no tienen internet. A traves de un acuerdo de cooperación con el Ayuntamiento do Tortosendo y con el grupo de escuelas Frei Heitor Pinto, la Coolabora hace llegar a 60 niños y  jóvenes de Tortosendo, en medio impreso, con la ayuda de la Guardia Nacional Republicana (GNR), las tareas propuestas por la escuela, ya que no pueden acompañar las clases en línea. Si bien no resuelve la cuestión estructural del acceso desigual, esta propuesta revela la sensibilidad de la Economía Solidaria, en los territorios, para identificar la vulnerabilidad añadida que la pandemia aporta a las minorías – sea en la capacidad de garantizar la provisión y el acesso continuo a los servicios públicos, sea en la capacidad de hacer frente a la precariedad diaria ante las exigencias y orientaciones de los gobiernos locales. 

La tercera experiencia que aquí comparto tiene que ver con una cocina comunitaria que se inició después de la pandemia en el barrio de la Mula, en la ciudad de Barreiro (cerca de Lisboa). La cooperativa Mula, que surgió en 2016 de una horta comunitaria, creó – en asociación con el grupo “Vizinhos do Barreiro” – un servicio voluntario que va a la farmacia y realiza compras para las personas que tienen que quedarse en casa. También lanzaron una cantina solidaria, que ofrece comidas y desayunos diarios a más de 70 personas en los municipios de Barreiro y Moita (https://www.jornalmapa.pt/2020/04/11/cooperativa-mula-lanca-cantina-solidaria-no-barreiro/). Aún que estas comidas sean ofrecidas gratuitamente o por donación gratuita, es importante que tales iniciativas no sean confundidas con caridad (una visión sin duda vertical de la solidaridad). Con el refuerzo de la ayuda mutua en los barrios, otras cantinas solidarias han surgido en Lisboa, como la cocina solidaria y auto-gestionada del centro social Disgraça (https://www.jornalmapa.pt/2020/04/24/cozinha-solidaria-auto-gerida-da-disgraca-que-a-solidariedadeseja-viral-e-intemporal/) o la cantina de la Asociación Recreativa Regueirão dos Anjos (RDA) (https://www.publico.pt/2020/05/14/local/reportagem/ha-brigada-voluntarios-cozinhar-cantinas-urgencia-1915507). Ellos son, antes que nada, colectivos que asumen una dupla dimensión: política y comunitaria. Aún que estas iniciativas no estén muchas veces en el radar de los mapeamentos institucionales, la realidad es que una parte muy ativa y vibrante de la Economía Solidaria en Portugal ocurre a través de redes y colectivos informales. Mientras las organizaciones de la Economia Social confirman su función social en los territorios durante la pandemia – aún que también algunas de sus fragilidades -, las contribuciones de los colectivos en los espacios urbanos no pueden ser desdeñados, ya que desempeñan um papel fundamental en los barrios. Ellos contribuyen para una mayor consciencia critica de los ciudadanos (la dimensión política) y promueven la solidaridad horizontal.

Estos colectivos también permitieron que otras soluciones pudiesen ser pensadas en las ciudades, sea para dar cuenta de la producción excedente en tempos de pandemia, sea para crear otras formas de provisión alimentaria. Así, por ejemplo, la cooperativa Terra Chã, en el pueblo de Alcobertas (en el ayuntamiento de Rio Maior), habiendo que cerrar su restaurante, pasó a vender sus cabras a través del grupo de consumo Huerta en la Ciudad, en Coimbra, que ofrecía, principalmente, frutas y verduras frescas. ¿Qué hizo este grupo? Abrieron a todas las personas (las que no pertenecían al grupo) para que pudiesen comprar directamente a los productores, creando un espacio común para la recogida de los productos – el Mercado do Calhabé. Si antes ofrecían frutas y verduras, ahora entregan las cabras de la Terra Chã y también pan y queso, que no formaban parte del menú de elección de este grupo de consumo. Lo que vemos es que otros circuitos de provisión que no tienen que ver con las grandes superficies no sólo son posibles como también ayudan a que la provisión se mantenga quando el flujo internacional de bienes es cortado, como ocurrió durante la pandemia.

3. Que ideas poden ser aportadas en el pós-Covid:

Como ha indicado un activista que esta al frente de la Red de los Productores Locales del Mondego, el hecho de que algunas iniciativas ya existan, aunque de forma embrionaria, marca la diferencia para dar respuesta a las personas durante y después de la pandemia. La experiencia del grupo de consumo Huerta en la Ciudad es un ejemplo. Necesitamos, así, articular más a los pequeños productores, proveedores de servicios y aquellos/as que tienen habilidades que a veces no valoran en el seno de la comunidad para generar una red de apoyo que se mantenga a pesar del mercado y durante sus crises. Productos cuya circulación depende de largas cadenas de distribución simplemente no estarán disponibles para nosotros – como hemos visto con las mascarillas, los botes de alcohol y otros bienes. Por eso, la Asociación Cultural Casa da Esquina ha planeado crear una cooperativa integral que reúna estos diferentes grupos, incluyendo los artistas, y que utilize siempre que posible una moneda complementaria, estimulando la circulación de bienes y servicios entre personas y colectivos de Coimbra.

La pandemia nos enseña que es necesario crear y estimular otras herramientas para el cambio de bienes y servicios, ya que muchas personas se quedan sin empleo y sin dinero – y, por lo tanto, en total dependencia de las soluciones aportadas por el Estado Social y por las instituciones que son por él soportadas. También ha que se tener en cuenta que no todas las personas consiguen aceder a los apoyos de emergencia de la misma forma. Por lo tanto, es conveniente que nos pongamos a revitalizar el uso de las monedas complementarias y de los bancos de tiempo para responder a aquellos/as que han perdido sus empleos, que son precarios porque dependen de los ‘recibos verdes’ o que no puedan trabajar porque están enfermos o en aislamiento social. Así es posible garantizar un círculo virtuoso de bienes y servicios (como ir al supermercado o a la farmacia) para los que los necesiten.

Si la pandemia expone la desigualdad en sus muchas caras (en el aceso a la salud, en los derechos como trabajador/a, en el aceso a las respuestas de emergencia del Estado Social), la Economía Solidaria ha buscado ofrecer salidas para reducir los efectos imediatos de esta vulnerabilidade a través de la reciprocidad y de la redistribución comunitaria. Sin embargo, la Economia Solidária en Europa puede ser bien más polifónica, reconociendo que la critica al capitalismo debe ir más allá de un debate sobre el consumo crítico, comprometido con la reducción de los impactos ambientales y sociales (que, por supuesto, ya ha allanado el camino para la dimensión política de la ES). Es necesario que se traiga la diferencia para dentro – las personas sin hogar, los refugiados, los imigrantes, los/las ciudadanos/as cuyos cuerpos son ‘racializados’ todos los dias. Llamo la atención para tres dimensiones que esta pluralidad trae: una face del político que se traduce en la vida ordinaria y que vá más allá del pensamiento crítico en si mismo; el afrontamiento de la desigualdad en términos raciales, de género, de nacionalidad, de clase; y el reconocimiento de que el Sur está también en Europa y que la idea de homogeneidad es una de las trampas que alimenta la desigualdad. Así, no solamente en la pandemia, la Economía Solidaria en Europa podría desfrutar de un conjunto más largo de voces y atuar sobre otras facetas de la desigualdad. 

Otro punto a tener en cuenta tiene que ver con los organismos de financiación de proyectos en intervención social y desarrollo local. No es raro que muchos de esos proyectos estimulen iniciativas y empreendedores a asumir conceptos de eficiencia y productividad de las empresas y que tales sean evaluados por logros alcanzados en este sentido. No es tampoco raro que usen criterios de evaluación que marginen a “visiones” poco caras a los mercados, como los ritmos propios de los pueblos o su autonomía para evaluar y/o rechazar propuestas externas de desarrollo. Es muy común que se pense que los ritos, los procesos y los modos de hacer deben ser remplazados por medidas más productivas (sino más lucrativas para estar en el mercado). Sin embargo, son estos ritos que muchas veces han alimentado los círculos de convivencia y apoyo mutuo en los territorios. En momentos de pandemia, la falta de estos ritos representarán condiciones más precárias de auto-organización de la comunidad. Así, es importante que nosotros seamos capazes de luchar para que los organismos de financiación y las fundaciones, incluso las europeas, asuman criterios más cualitativos y menos numéricos para la concesión de fondos y para la evaluación de los resultados de los proyectos. Esta también debería ser una preocupación de las autoridades locales al financiar experiencias económicas en los territorios. 

Una economía local y de provisión nunca ha sido tan necesaria, ya que el mercado capitalista simplemente se contrae o especula en tiempos de crisis (que se piense acerca de los precios de bienes del cotidiano como un bote de alcohol en gel). La pandemia nos enseña, por lo tanto, 3 cosas: 1. que el mercado no se basa en las necesidades y urgencias de las personas pero en su propia manutención bajo las mejores condiciones posibles para él; 2. que no podemos dejar que las fluctuaciones de los mercados y las incertidumbres futuras sobre la circulación de los bienes esenciales vengan a determinar nuestra condición de provisión; y 3. que necesitamos prepararnos para los tiempos que vienen – lo que significa reativar los círculos de apoyo mutuo (aún que en aislamiento) y los ritos que nos mantienen como un cuerpo social. Es así que construimos pertenencia, resiliencia y fortalecimiento de la dimensión local.

Otras Lecturas:

França Filho, Genauto; Laville, Jean-Louis (2020), “Repensar a relação entre economia e sociedade”. Le Monde Diplomatique Brasil. Disponible en: https://diplomatique.org.br/repensar-a-relacao-entre-economia-e-sociedade/ 

Hespanha, Pedro; Lucas dos Santos, Luciane (2016), “O nome e a coisa: sobre a invisibilidade e a ausência de reconhecimento institucional da Economia Solidária em Portugal”. Revista de Economia Solidária da Aceesa, n. 9, pp. 22-68. Disponible en: http://base.socioeco.org/docs/miolo_res_9.pdf

Hespanha, Pedro (2010), “Microempreendedorismo popular e economia solidária. O sentido de uma mudança”, Otra Economía. Revista Latinoamericana de Economía Social y Solidaria, IV, 7, pp. 111-130. Disponible en: http://revistas.unisinos.br/index.php/otraeconomia/article/view/1306 

Lucas dos Santos, Luciane (2019), “Broadening the economic imagery through European complementary currencies: citizen-driven economic initiatives and community autonomy as key concepts”, in Sandra Lima Coelho e Gonçalo Marcelo (org.), Ética, Economia e Sociedade: questões cruzadas. Porto: Universidade Católica Editora, 343-364.

Lucas dos Santos, Luciane; Banerjee, Swati (2019), “Social enterprise: a western concept to decolonise? Towards emancipation and solidarity enterprise”, in Jean-Louis Laville, Philippe Eynaud, Luciane Lucas dos Santos, Swati Banerjee and Lars Hulgard (org.), Theory of Social Enterprise and Pluralism: solidarity economy, social movements, and Global South. London, NY: Routledge, 3-17. Disponible en: https://www.jeanlouislaville.fr/index.php/2019/10/22/social-enterprise-is-it-possible-to-decolonise-this-concept/ (versión entregada al editor antes de la revisión para publicación).

Luciane Lucas dos Santos es investigadora del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra y miembro del comité de coordinación de la RIPESS Europe, representando la RedPES (Red Portuguesa de la Economía Solidária), y del comité científico. Es co-coordinadora del grupo de estudios sobre la Economía Solidaria del CES (Ecosol-CES) que hace parte de la RedPES. 

Agradecimiento:

Este pequeño artículo resuelta de una participación en un webinar sobre la Economía Solidaria y la pandemia organizado por la RIPESS Europe. Esta comunicación no sería posible sin el dialogo com varias personas que están sobre o terreno todos los dias. Agradezco a elas, especialmente a los compañeros/as Graça Rojão (Coolabora), Sandra Silvestre (GAF – Aprender em Festa), Julio Ricardo (Terra Chã), José João Rodrigues (Rede Colaborativa do Mondego), Filipa Alves y Sandra Alves (Casa da Esquina).

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